Lo escondía muy bien y jugaba mucho a solas, como cualquier otro niño, pero yo lo llevaba al extremo. Me iba sola por ahí, muy lejos, a terrenos muy alejados de casa y peligrosos. Una vez llegué a las 11 de la noche, siendo días de colegio. Recuerdo la cara de mi madre cuando estaba entrando en la casa. Esa cara, en lágrimas y al mismo tiempo llena de rabia. Me dio una hostia y me tiró un zapato. Yo pensaba: "Fue mi amigo", pero siempre quedaba en eso, en un pensamiento. Si yo hubiera expresado más, en vez de pensamientos, que fueran voces, habría despertado poco a poco a alguien de que esa niña no estaba bien. Quizás hubiera quedado en un amigo invisible de esos, pero esto ha durado hasta siempre.
Volviendo a ese día, ese día estaba ansiosa y no aguantaba más el aburrimiento. Él me dijo: "Vámonos de aquí, a buscar algo interesante sin parar, caminando". Yo estaba viendo una película y estaba entretenida, ¿por qué carajo iba yo a querer irme si me perdía en las VHS cuando ponía una de ellas? Pasaba horas entretenida con la TV, pero aun así me fui.
Recuerdo que siempre estaba el aburrimiento o el sentirme sola, aunque tuviese muchos amigos por ahí, y siempre me venían a buscar. Me sentía terriblemente sola, pero con él nunca me sentí sola. Siempre hablaba con él/ella... igual nunca pensé en aquel amigo con ningún género, era como un guía, no sé. Ni sé qué estoy diciendo. Siempre supe que hablaba con él mentalmente, hasta el día de hoy lo sigo haciendo. Nunca me ha dejado, o quizás soy yo quien no lo suelta. El caso es que NUNCA dejé que se notara. He tenido montones de amigos y siempre ha estado eso ahí, indicándome qué decir en ciertas circunstancias o momentos. Elegir algo o días o de irme de algún sitio, de hacer cosas que no tenían sentido para la gente, pero para mí sí las tenían. Y al mismo tiempo sentía que esas personas podrían pensar que estoy mal de la cabeza por actuar así o decir de esa forma palabras y enfadarme con la gente, por arrebatos. Parece una excusa, pero el 90% de esos comportamientos están influenciados por mis conversaciones mentales con eso. Ni siquiera podía sacarlas. Quizás así hubiera sido mucho más fácil, porque podría alguien ver lo mal que estoy o que quizás necesite ayuda, o que eso sea algún mecanismo que haya desarrollado por cualquier cosa de pequeña.
Siento que está bien, que es algo normal, pero por otra parte sé que esto no está bien, y que ha hecho que me haya perdido y me haya quedado sola por completo. ¿Tendría que haberlo sacado en su tiempo? A los niños se les ayuda si ellos expresan, pero a mí siempre me ha costado sacar lo que tengo dentro. A veces me inventaba cómo me sentía porque me daba vergüenza sacar lo real de mí, cómo realmente soy. Siempre he sido muy reservada. Lo odio. Odio que haya sido tan privada de mis cosas, de no sacarlo todo, de sentir con normalidad y no tener todo desordenado en mi cabeza, de sentirlo todo al mismo tiempo y confundirme, y de enfadarme con todos porque sentía que todos estaban en mi contra. La sola idea de llamar la atención hacía que me hartara hasta tal punto de llevar unos zapatos ruidosos en clase, lo que me ponía tan nerviosa que me salí de la clase, me los quité y lloré. (Nunca he sido de llorar mucho de niña, pero ahí lloré y estuve todo el día enfadada con mi madre por ponerme esos zapatos). Quizás ese ha sido el problema: el de no llorar lo suficiente o indagar en el por qué no quería llamar la atención en absolutamente nada. Solo en una cosa. Me encantaba llamar la atención siendo la mejor en cosas como encontrar animales, o en esconderme, o en mentir. Pensaba, y lo recuerdo bastante bien.
Ni se dieron cuenta de que les mentí y ahora están haciendo lo que yo quiero.
Una de esas veces fue cuando estaba jugando con una amiga con mis juguetes. La mayoría de mis juguetes eran animales. Cuidaba tan bien de ellos que me costaba dejar que alguien jugara, pero al mismo tiempo me hacía feliz. Me di cuenta de que mi amiga empezó a robarme. Poco a poco se iba metiendo un animal en el bolsillo. La primera vez que me di cuenta, no dije nada. Me hice la tonta y ahí sentí dos cosas a la misma vez: rabia, porque se estaba robando mis juguetes, y de sentirme bien porque aquí podía yo jugar a mentir y a hacerme la idiota para luego, cuando se fuera, pillarle desprevenida y gritarle: "Sé que te robaste mis juguetes". Eso fue lo que se me pasó por la cabeza cuando me di cuenta de que lo estaba haciendo. Dejé que se robara unos cuantos y esperé a que se tuviera que ir a comer. Cuando me dijo "adiós, me tengo que ir", ahí me levanté y fui detrás de ella. Esperé a que estuviese cerca de su casa y, delante de su padre, le dije: "Devuélveme todo lo que te robaste". Al principio me dijo que no se había robado nada, y le miré los bolsillos. Ahí se puso nerviosa. Recuerdo que llegaba el padre en ese momento, y ahí le dije: "Tu hija es una ladrona y se robó mis animales". Recuerdo que el padre al principio la miró y le preguntó. Ella volvió a mentir. El padre me miró a mí como buscando alguna explicación o prueba, y dije: "Mírale los bolsillos". Le tocó los bolsillos y empezó a sacarle 1, 2, 5, hasta ni recuerdo cuántos juguetes fueron. Eran figuras de plástico pequeñas de diferentes animales, por lo que se pudo haber cogido hasta 10. Ahí empezó a gritarle a su hija y a pegarle. Yo ahí sentí pena porque odio que los padres les peguen a sus hijos. Sé que en esos tiempos, y hasta ahora, se sigue haciendo, pero en esos tiempos más aún. Cogí mis juguetes del suelo y me fui, porque de repente no me gustaba esa escena. Me sentí mal y volví a sentarme en el escalón de mi casa a seguir jugando.
Pongo ese ejemplo de "mentir" o hacerme la idiota solo para sentir satisfacción o dejar que se ponga el momento más interesante de cientos que tengo. Ojalá hubiera una máquina del tiempo para solo observarme a mí haciendo eso, o irme a sitios para saber qué carajo hacía. Recuerdo casi todos los momentos de mi vida de niña, pero es inevitable que algunos de ellos se hayan borrado con el paso del tiempo, porque desgraciadamente hay muchos más ahora siendo adulta. Recuerdos ridículos que desearía no tener, Dios, lo que daría por poder borrarlos. Lo peor es que sé que estos de ahora borran a otros más interesantes. Así es el maldito cerebro, mitad máquina, mitad organismo.
Esto me hacía sentir tan jodidamente bien.
Cazaba a los gatos subida en la azotea y pensaba: "¡QUE LES JODAN!" A los gatos, cayeron en mi trampa. Nunca les hice daño, ni a un solo animal, pero con esos jodidos gatos en la azotea me sentía superior porque caían en mi trampa cuando les dejaba un trozo de comida. Yo saltaba hacia ellos, los cogía solo para sentirlos, porque en ese tiempo aún no tenía gatos.
Pero pensaba: "JÓDETE".
Sentía rabia por ellos y, al mismo tiempo, los quería. Nunca hice daño a ningún gato, pero sentía esas cosas con ellos. Me sentía como una cazadora y quería ser más rápida que ellos. Por eso la rabia, porque casi nunca lo conseguía.
¿Por qué ese amor-odio por los gatos y de subir a la azotea a cazarlos de esa manera?
Esto se detuvo cuando una gata dio a luz a dos gatitos en una parte de la azotea que ni podía llegar, porque tenía que saltar a otro balcón para coger a uno de ellos. Dios, aún recuerdo la felicidad de sentir que yo iba a hacer aquello solo para conseguir a mi gato, al fin. Ya tenía dos perros, y una de ellos con cachorros. Deseaba a ese gatito. Vi que la madre agarró a uno de ellos y salió corriendo. Dije: "Va a volver a por el otro y nunca más lo veré", me desesperé de repente. Era día de feria, sería agosto de 1997. Estaba vestida para salir en pocos minutos con mis padres, pero en una de esas, que no estaban mirando, me subí a la azotea por los tejados. No recuerdo por qué me fui en ese momento, nada de irnos. No sé si es que sabía que había gatitos o porque estaba aburrida y necesitaba ir a la azotea. El caso es que allí estaba haciendo eso y SALTÉ HACIA ABAJO, a la parte fuera de mi azotea, un rinconcito donde la gata había parido. Me caí desde muy alto para llegar hacia donde estaban. Casi me rompo la cabeza, pero gracias a que caí de buena manera, no llegué a matarme. Cogí a ese gato sin ayuda, qué bien me hacía sentir eso. Con sangre en la cabeza conseguí a mi primer gato. Leo.
Escribiendo esto me ayuda a ver cosas. Me doy cuenta de que tengo dos sentimientos al mismo tiempo totalmente diferentes: amor-odio, asco-satisfacción, rabia-felicidad. Creo que es normal en ciertas cosas, pero dificulta mucho el día a día. Por eso tengo tantos problemas con las circunstancias o con las personas.
Pienso que, si no hubiera existido esta parte buena del amor, felicidad o de sentir hasta culpa, yo habría tenido esos sentimientos malos únicamente y sería una mierda de persona. Creo que solo estaba perdida.
Quizás me anime a contar más en profundidad ciertas cosas, pero ahora solo quiero dejar memorias randoms e intentar comprender esto.